Remitiéndonos a la ternura
que nos inspiran ciertos objetos, personas y acontecimientos, hoy quiero
hablarles de este sentimiento materializado en una bola de pelos andante, de
cuatro patas, manchas amarillas y una cola que se asemeja a la de un mapache:
Lupe, la mascota felina de mi casa. Lupe es una gata de 9 meses de vida quien,
rescatada en una de las zonas de tolerancia más tétricas de la ciudad de
Medellín, llegó a esta familia para llenarla de alegría y establecerse como un
miembro más. A pesar de la negativa insistente por parte de mis padres, en
especial de mi papá, de no traer nunca un animalito a esta casa, ese
sentimiento de apatía cambió cuando él la vio por vez primera. Una indefensa y
diminuta criatura comenzó a moverse con dificultad cuando fue descargada por mi
hermanito en el suelo. Con apenas unos pocos días de nacida era difícil para
ella mantener el equilibrio. Mi papá, al verla tan desprotegida, la cargó en sus
brazos y manifestó su interés, un poco extraño de su parte, por adoptarla. Desde
ese momento, la vida de Lupe y todos en la casa, en especial de mi padre,
cambió. Por cierto, fue él quien le puso el nombre.
Lupe es una gata muy
afortunada porque pasó de una situación cercana a la muerte, a una vida llena
de mimos y comodidades. A pesar del frio y la desnutrición logró sobrevivir con
el cuidado de su comprometida y amorosa familia. Con respecto al sentimiento de
ternura que nos despierta, debo decir que es porque Lupe juega con bolitas de
aluminio, toma agua del lavamanos cuando me estoy cepillando, se rasca en mi
maleta, se monta en la nevera y se calienta allí cuando tiene frío, nos muerde
los pies cuando no le prestamos atención, se deja tomar fotos posando como toda
una modelo. Cuando estamos por fuera de casa y llegamos, ella nos espera en la
puerta hasta que abrimos y maúlla, aunque no estoy seguro si del hambre o
experimentará alguna clase de sentimiento felino. Pero eso no es todo. Les
cuento que también es la alarma de mi papá. Lupe se despierta todos los días a
las 6:00am y le toca la puerta mientras maúlla. Cuando él le abre la puerta,
ella se lanza a la cama y lo lame. Y si se tapa la cara con la cobija, se mete
debajo de ella y le da tiernos zarpazos hasta que se pone de pie. Sin embargo,
debo decir que esto es puro y cruel interés: sólo está pidiendo el bocado
matutino al que mi papá la ha acostumbrado, una gomita de atún. Por estas
razones es que esta gata nos tiene hipnotizados, es como una especie de manipulación
que lleva a cabo con sus actos inesperados y traviesos. Mi papá es quien más
disfruta de su existencia, y saberse que en un principio, por su espíritu
prejuicioso, no quería mascotas. Hasta la más pura e inocente muestra de
ternura nos puede cambiar la vida.
05/03/2018
Me encanta saber que tiene una compañera peludita que te acompañe en esta vida y te la haga un poco más llevadera. Ellos son hermosos y preciosos, pero sobretodo, leales e incondicionales. No sé si sepas que también tengo un hijo peludo y es el que más alegra mis días, por las noches al dormir: y en las mañanas cuando me despierta con sus suaves caricias.
ResponderEliminarSolo te puedo decir que me gusta mucho esta entrada porque me remite a mi "monito" y es lindo recordar a todos aquellos que te aman, no importa que camine en 2, 3 o 4 patas. Si te aman sin condición, son merecedores de tu corazón. Un saludo para la lupe y le dices que el tío Santi la quiere como al dueño.